lunes, 6 de enero de 2014

A LA MUERTE DE TORRIJOS Y SUS COMPAÑEROS (José de Espronceda, español)


    Helos allí: junto a la mar bravía
    Cadáveres están, ¡ay!, los que fueron
    Honra del libre, y con su muerte dieron
    Almas al cielo, a España nombradía.
    Ansia de patria y libertad henchía
    Sus nobles pechos que jamás temieron,
    Y las costas de Málaga los vieron
    Cual sol de gloria en desdichado día.
    Españoles, llorad; mas vuestro llanto
    Lágrimas de dolor y sangre sean,
    Sangre que ahogue a siervos y opresores,
    Y los viles tiranos, con espanto,
    Siempre delante amenazando vean
    Alzarse sus espectros vengadores. 

jueves, 12 de diciembre de 2013

ATARDECERES (Richard Aldington, inglés)



      El cuerpo blanco del atardecer
      Se desgarra y se vuelve escarlata,
      Tajeado y drenado y desecado
      Hasta volverse carmesí,
      Y cuelga irónicamente
      Con guirnaldas de niebla.
      Y el viento
      Soplando sobre Londres desde Flandes
      Tiene un gusto agrio.

sábado, 23 de noviembre de 2013

LINDA PELIRROJA (Guillermo Apollinaire, francés)


Heme aquí ante todos un hombre de buen sentido

Que conoce de la vida y de la muerte lo que un ser viviente

     puede conocer

Que ha probado las penas y los goces del amor

Que ha sabido imponer algunas veces sus ideas

Conocedor de varios idiomas

Y ha viajado lo suficiente

Que ha visto la guerra en la artillería y en la infantería

Herido en la cabeza trepanado bajo el cloroformo

Que ha perdido a sus mejores amigos en la espantosa lucha

Sé de lo antiguo y de lo nuevo cuando un hombre solo podría

     saber de ambos

Y sin inquietarme hoy en día por esta guerra

Entre nosotros y para nosotros amigos míos

Juzgo esta larga disputa entre la tradición y la invención

          Entre el Orden y la Aventura



Vosotros cuya boca fue hecha a imagen de la de Dios

Boca que es el orden mismo

Sed indulgentes cuando nos comparéis

Con los que fueron la perfección del orden

A nosotros que sobre todo buscamos donde fuere la aventura



No somos vuestros enemigos

Queremos daros vastos y extraños dominios

Donde el misterio en flor se ofrece a quien quiere cogerlo

Hay allí nuevos fuegos de colores nunca vistos

Mil imponderables fantasmas

A los que es preciso dar realidad

Queremos explorar la bondad comarca enorme donde todo calla

Existe también el tiempo que podemos expulsar o hacer que regrese

Piedad para nosotros los que siempre combatimos en las fronteras

De lo ilimitado y lo porvenir

Piedad para nuestros errores piedad por nuestros pecados



He aquí que llega el estío de la estación violenta

Y mi juventud ha muerto al igual que la primavera 

Oh Sol es el tiempo de la Razón ardiente

                   Y espero

Para seguirla siempre la forma noble y dulce

Que ella toma con el fin que sólo yo la ame

Ella viene y me atrae como el imán al hierro

         Tiene el encantador aspecto

         De una adorable pelirroja



Sus cabellos se diría que son de oro

Un bello relámpago que dura

O estas llamas que se pavonean

En las rosas-té que se marchitan



Pero burlaos burlaos de mí

Hombres de todas partes sobre todo los de aquí

Pues no hay tantas cosas que no me atrevo a deciros

Tantas cosas que no me dejaríais decir

Tened piedad de mí

jueves, 14 de noviembre de 2013

SI VIVO MUCHOS AÑOS (Fujira no Kiyosuke, japonés)


 si vivo muchos años
 deberé recordar en el futuro
 estas horas felices,
 igual que ahora recuerdo
 las amarguras del pasado

sábado, 26 de octubre de 2013

PODRÍA ESTAR MÁS SOLA (Emily Dickinson, norteamericana)


Podría estar más sola sin mi soledad,
tan habituada estoy a mi destino,
tal vez la otra paz,
podría interrumpir la oscuridad
y llenar el pequeño cuarto,
demasiado exiguo en su medida
para contener el sacramento de él,

no estoy habituada a la esperanza,
podría entrometerse en su dulce ostentación,
violar el lugar ordenado para el sufrimiento,

sería más fácil fallecer con la tierra a la vista,
que conquistar mi azul península,
perecer de deleite.

sábado, 12 de octubre de 2013

PIERRE DRIEU LA ROCHELLE DIVAGA FRENTE A SU MUERTE (Juan Luis Panero, español)



Al final pienso que tenía razón
-todo el absurdo tinglado del poder,
el cuchillo implacable de la inteligencia,
las sórdidas, políticas palabras,
los arañados proyectos imposibles-,
sí, tenía razón ese día. Me acuerdo bien
cuando pensé, echado junto a ella,
que lo único real era una buena puta,
una piel cálida, unos labios silenciosos, unas manos expertas,
en aquel burdel, cerca de Neuilly, al amanecer.
Por eso, porque creo que tenía razón, soy más culpable
-libros, declaraciones, ideas, lealtades,
el secreto de todo, el revés de la nada-,
cuánto tiempo perdido para llegar a esto,
para recordar, ya sin solución, sus largos muslos,
el sabor espeso de su boca, los rozados pezones.
Llegaba una luz gris sobre la cama,
sobre su culo memorable, inmóvil,
sí, tenía razón, aquella puta
cuyo nombre nunca supe o tal vez he olvidado,
el humo de un cigarrillo, eso es todo, yo tenía razón,
y si no la tenía, ¿qué importa ahora?

miércoles, 2 de octubre de 2013

RESTITUCIÓN (Federico Balart, español)


Estas pobres canciones que te consagro,
En mi mente han nacido por un milagro.
Desnudas de las galas que presta el arte,
Mi voluntad en ellas no tiene parte:
Yo no sé resistirlas ni suscitarlas;
Yo ni aun sé comprenderlas al formularlas;
Y es en mí su lamento, sentido y grave,
Natural como el trino que lanza el ave.
Santas inspiraciones que tú me envías,
Puedo decir, esposa, que no son mías:
Pensamiento y palabra de ti recibo;
Tú en silencio las dictas; yo las escribo.

Desde que abandonaste nuestra morada,
De la mortal escoria purificada,
Transformado está el fondo del alma mía,
Y voces oigo en ella que antes no oía.
Todo cuanto, en la tierra y el mar y el viento,
Tiene matiz, aroma, forma o acento,
De mi ánimo abatido turba la calma
Y en canción se convierte dentro del alma.
Y es que, en estas tinieblas donde me pierdo,
Todo está confundido con tu recuerdo:
¡Sin él, todo es silencio, sombra y vacío
En la tierra y el viento y el mar bravío!

Revueltos peñascales, áspera breña
Donde salta el torrente de peña en peña;
Corrientes bullidoras del claro río;
Religiosos murmullos del bosque umbrío;
Tórtola que en sus frondas unes tus quejas
Al calmante zumbido de las abejas;
Águila que levantas el corvo vuelo
Por el azul espacio que cubre el cielo;
Golondrina que emigras cuando el Octubre,
Con sus pálidas hojas el suelo cubre,
Y al amor de tu nido tornas ligera
Cuando esparce sus flores la primavera;
Aura mansa que llevas, en vuelo tardo,
Efluvios de azucena, jazmín y nardo;
Brisas que en el desierto sois mensajeras
De los tiernos amores de las palmeras
( ¡De las pobres palmeras que, separadas,
Se miran silenciosas y enamoradas!);
Pardas nieblas del valle, nieves del monte,
Cambiantes y vislumbres del horizonte;
Tempestad que bramando con ronco acento
Tus cabellos de lluvia tiendes al viento;
Solitaria ensenada, restinga ignota
Donde oculta su nido la gaviota;
Olas embravecidas que pone a raya
Con sus rubias arenas la corva playa;
Grutas donde repiten con sordo acento
Sus querellas y halagos la mar y el viento;
Velas desconocidas que en lontananza
Pasáis como los sueños de la esperanza;
Nebuloso horizonte, tras cuyo velo
Sus límites confunden la mar y el cielo;
Rayo de sol poniente que te abres paso
Por los rotos celajes del triste ocaso;
Melancólico rayo de blanca luna
Reflejado en la cresta de escueta duna;
Negra noche que dejas de monte a monte
Granizado de estrellas el horizonte;
Lamento misterioso de la campana
Que en la nocturna sombra suena lejana,
Pidiendo por ciudades y por desiertos
La oración de los vivos para los muertos;
Plegaria que te elevas entre la nube
Del incienso que en ondas al cielo sube
Cuando al Señor dirigen himnos fervientes
Santos anacoretas y penitentes:
Catedrales ruinosas, mudas y muertas,
Cuyas góticas naves hallo desiertas,
Cuyas leves agujas, al cielo alzadas,
Parecen oraciones petrificadas;
Torres donde, por cima de la veleta
Que a merced de los vientos se agita inquieta,
Señalando regiones que nadie ha visto
Tiende inmóvil sus brazos la fe de Cristo:
Luces, sombras, murmullos, flores, espumas,
Transparentes neblinas, espesas brumas,
Valles, montes, abismos, tormentas, mares,
Auras, brisas, aromas, nidos y altares,
Vosotros en el fondo del alma mía
Despertáis siempre un eco de poesía:
Y es que siempre a vosotros encuentro unido
El recuerdo doliente del bien perdido.
Sin él, ¿qué es la grandeza, qué es el tesoro
De la tierra y el viento y el mar sonoro?

Ya lo ves: las canciones que te consagro,
En mi mente han nacido por un milagro.
Nada en ellas es mío, todo es don tuyo:
Por eso a ti, de hinojos, las restituyo.
¡Pobres hojas caídas de la arboleda,
Sin su verdor el alma desnuda queda!
Pero no, que aun te deben mis desventuras
Otras más delicadas, otras más puras:
Canciones que, por miedo de profanarlas,
En el alma conservo sin pronunciarlas;
Recuerdos de las horas que, embelesado,
En nuestro pobre albergue pasé a tu lado,
Cuando al alma y al cuerpo daban pujanza
Juventud y cariño, fe y esperanza;
Cuando, lejos del mundo parlero y vano,
Íbamos por la vida mano con mano;
Cuando, húmedos los ojos, juntas las palmas,
En una se fundían nuestras dos almas:
Canciones silenciosas que el alma hieren;
Canciones que en mí nacen y que en mí mueren;
¡Hechizadas canciones, con cuyo encanto
A mis áridos ojos se agolpa el llanto!

Y aun a veces aplacan mis amarguras
Otras más misteriosas, otras más puras:
Canciones sin palabra, sin pensamiento,
Vagas emanaciones del sentimiento;
Silencioso gemido de amor y pena
Que, en el fondo del pecho, callado suena;
Aspiración confusa qué, en vivo anhelo,
Ya es canción, ya plegaria que sube al cielo;
Inquietudes del alma, de amor herida;
Vagos presentimientos de la otra vida;
Éxtasis de la mente que a Dios se lanza;
Luminosos destellos de la esperanza;
Voces que me aseguran que podré verte
Cuando al mundo mis ojos cierre la muerte:
¡Canciones que, por santas, no tienen nombres
En la lengua grosera que hablan los hombres!
Ésas son las que endulzan mi amargo duelo;
Ésas son las que el alma llaman al cielo;
Ésas de mi esperanza fijan el polo,
¡Y ésas son las que guardo para mí solo!