Heme aquí ante todos un hombre de buen sentido
Que conoce de la vida y de la muerte lo que un ser viviente
puede conocer
Que ha probado las penas y los goces del amor
Que ha sabido imponer algunas veces sus ideas
Conocedor de varios idiomas
Y ha viajado lo suficiente
Que ha visto la guerra en la artillería y en la infantería
Herido en la cabeza trepanado bajo el cloroformo
Que ha perdido a sus mejores amigos en la espantosa lucha
Sé de lo antiguo y de lo nuevo cuando un hombre solo podría
saber de ambos
Y sin inquietarme hoy en día por esta guerra
Entre nosotros y para nosotros amigos míos
Juzgo esta larga disputa entre la tradición y la invención
Entre el Orden y la Aventura
Vosotros cuya boca fue hecha a imagen de la de Dios
Boca que es el orden mismo
Sed indulgentes cuando nos comparéis
Con los que fueron la perfección del orden
A nosotros que sobre todo buscamos donde fuere la aventura
No somos vuestros enemigos
Queremos daros vastos y extraños dominios
Donde el misterio en flor se ofrece a quien quiere cogerlo
Hay allí nuevos fuegos de colores nunca vistos
Mil imponderables fantasmas
A los que es preciso dar realidad
Queremos explorar la bondad comarca enorme donde todo calla
Existe también el tiempo que podemos expulsar o hacer que regrese
Piedad para nosotros los que siempre combatimos en las fronteras
De lo ilimitado y lo porvenir
Piedad para nuestros errores piedad por nuestros pecados
He aquí que llega el estío de la estación violenta
Y mi juventud ha muerto al igual que la primavera
Oh Sol es el tiempo de la Razón ardiente
Y espero
Para seguirla siempre la forma noble y dulce
Que ella toma con el fin que sólo yo la ame
Ella viene y me atrae como el imán al hierro
Tiene el encantador aspecto
De una adorable pelirroja
Sus cabellos se diría que son de oro
Un bello relámpago que dura
O estas llamas que se pavonean
En las rosas-té que se marchitan
Pero burlaos burlaos de mí
Hombres de todas partes sobre todo los de aquí
Pues no hay tantas cosas que no me atrevo a deciros
Tantas cosas que no me dejaríais decir
Tened piedad de mí
sábado, 23 de noviembre de 2013
LINDA PELIRROJA (Guillermo Apollinaire, francés)
jueves, 14 de noviembre de 2013
SI VIVO MUCHOS AÑOS (Fujira no Kiyosuke, japonés)
si vivo muchos años
deberé recordar en el futuro
estas horas felices,
igual que ahora recuerdo
las amarguras del pasado
sábado, 26 de octubre de 2013
PODRÍA ESTAR MÁS SOLA (Emily Dickinson, norteamericana)
Podría estar más sola sin mi soledad,
tan habituada estoy a mi destino,
tal vez la otra paz,
podría interrumpir la oscuridad
y llenar el pequeño cuarto,
demasiado exiguo en su medida
para contener el sacramento de él,
no estoy habituada a la esperanza,
podría entrometerse en su dulce ostentación,
violar el lugar ordenado para el sufrimiento,
sería más fácil fallecer con la tierra a la vista,
que conquistar mi azul península,
perecer de deleite.
sábado, 12 de octubre de 2013
PIERRE DRIEU LA ROCHELLE DIVAGA FRENTE A SU MUERTE (Juan Luis Panero, español)
Al final pienso que tenía razón
-todo el absurdo tinglado del poder,
el cuchillo implacable de la inteligencia,
las sórdidas, políticas palabras,
los arañados proyectos imposibles-,
sí, tenía razón ese día. Me acuerdo bien
cuando pensé, echado junto a ella,
que lo único real era una buena puta,
una piel cálida, unos labios silenciosos, unas manos expertas,
en aquel burdel, cerca de Neuilly, al amanecer.
Por eso, porque creo que tenía razón, soy más culpable
-libros, declaraciones, ideas, lealtades,
el secreto de todo, el revés de la nada-,
cuánto tiempo perdido para llegar a esto,
para recordar, ya sin solución, sus largos muslos,
el sabor espeso de su boca, los rozados pezones.
Llegaba una luz gris sobre la cama,
sobre su culo memorable, inmóvil,
sí, tenía razón, aquella puta
cuyo nombre nunca supe o tal vez he olvidado,
el humo de un cigarrillo, eso es todo, yo tenía razón,
y si no la tenía, ¿qué importa ahora?
miércoles, 2 de octubre de 2013
RESTITUCIÓN (Federico Balart, español)
| Estas pobres canciones que te consagro, En mi mente han nacido por un milagro. Desnudas de las galas que presta el arte, Mi voluntad en ellas no tiene parte: Yo no sé resistirlas ni suscitarlas; Yo ni aun sé comprenderlas al formularlas; Y es en mí su lamento, sentido y grave, Natural como el trino que lanza el ave. Santas inspiraciones que tú me envías, Puedo decir, esposa, que no son mías: Pensamiento y palabra de ti recibo; Tú en silencio las dictas; yo las escribo. Desde que abandonaste nuestra morada, De la mortal escoria purificada, Transformado está el fondo del alma mía, Y voces oigo en ella que antes no oía. Todo cuanto, en la tierra y el mar y el viento, Tiene matiz, aroma, forma o acento, De mi ánimo abatido turba la calma Y en canción se convierte dentro del alma. Y es que, en estas tinieblas donde me pierdo, Todo está confundido con tu recuerdo: ¡Sin él, todo es silencio, sombra y vacío En la tierra y el viento y el mar bravío! Revueltos peñascales, áspera breña Donde salta el torrente de peña en peña; Corrientes bullidoras del claro río; Religiosos murmullos del bosque umbrío; Tórtola que en sus frondas unes tus quejas Al calmante zumbido de las abejas; Águila que levantas el corvo vuelo Por el azul espacio que cubre el cielo; Golondrina que emigras cuando el Octubre, Con sus pálidas hojas el suelo cubre, Y al amor de tu nido tornas ligera Cuando esparce sus flores la primavera; Aura mansa que llevas, en vuelo tardo, Efluvios de azucena, jazmín y nardo; Brisas que en el desierto sois mensajeras De los tiernos amores de las palmeras ( ¡De las pobres palmeras que, separadas, Se miran silenciosas y enamoradas!); Pardas nieblas del valle, nieves del monte, Cambiantes y vislumbres del horizonte; Tempestad que bramando con ronco acento Tus cabellos de lluvia tiendes al viento; Solitaria ensenada, restinga ignota Donde oculta su nido la gaviota; Olas embravecidas que pone a raya Con sus rubias arenas la corva playa; Grutas donde repiten con sordo acento Sus querellas y halagos la mar y el viento; Velas desconocidas que en lontananza Pasáis como los sueños de la esperanza; Nebuloso horizonte, tras cuyo velo Sus límites confunden la mar y el cielo; Rayo de sol poniente que te abres paso Por los rotos celajes del triste ocaso; Melancólico rayo de blanca luna Reflejado en la cresta de escueta duna; Negra noche que dejas de monte a monte Granizado de estrellas el horizonte; Lamento misterioso de la campana Que en la nocturna sombra suena lejana, Pidiendo por ciudades y por desiertos La oración de los vivos para los muertos; Plegaria que te elevas entre la nube Del incienso que en ondas al cielo sube Cuando al Señor dirigen himnos fervientes Santos anacoretas y penitentes: Catedrales ruinosas, mudas y muertas, Cuyas góticas naves hallo desiertas, Cuyas leves agujas, al cielo alzadas, Parecen oraciones petrificadas; Torres donde, por cima de la veleta Que a merced de los vientos se agita inquieta, Señalando regiones que nadie ha visto Tiende inmóvil sus brazos la fe de Cristo: Luces, sombras, murmullos, flores, espumas, Transparentes neblinas, espesas brumas, Valles, montes, abismos, tormentas, mares, Auras, brisas, aromas, nidos y altares, Vosotros en el fondo del alma mía Despertáis siempre un eco de poesía: Y es que siempre a vosotros encuentro unido El recuerdo doliente del bien perdido. Sin él, ¿qué es la grandeza, qué es el tesoro De la tierra y el viento y el mar sonoro? Ya lo ves: las canciones que te consagro, En mi mente han nacido por un milagro. Nada en ellas es mío, todo es don tuyo: Por eso a ti, de hinojos, las restituyo. ¡Pobres hojas caídas de la arboleda, Sin su verdor el alma desnuda queda! Pero no, que aun te deben mis desventuras Otras más delicadas, otras más puras: Canciones que, por miedo de profanarlas, En el alma conservo sin pronunciarlas; Recuerdos de las horas que, embelesado, En nuestro pobre albergue pasé a tu lado, Cuando al alma y al cuerpo daban pujanza Juventud y cariño, fe y esperanza; Cuando, lejos del mundo parlero y vano, Íbamos por la vida mano con mano; Cuando, húmedos los ojos, juntas las palmas, En una se fundían nuestras dos almas: Canciones silenciosas que el alma hieren; Canciones que en mí nacen y que en mí mueren; ¡Hechizadas canciones, con cuyo encanto A mis áridos ojos se agolpa el llanto! Y aun a veces aplacan mis amarguras Otras más misteriosas, otras más puras: Canciones sin palabra, sin pensamiento, Vagas emanaciones del sentimiento; Silencioso gemido de amor y pena Que, en el fondo del pecho, callado suena; Aspiración confusa qué, en vivo anhelo, Ya es canción, ya plegaria que sube al cielo; Inquietudes del alma, de amor herida; Vagos presentimientos de la otra vida; Éxtasis de la mente que a Dios se lanza; Luminosos destellos de la esperanza; Voces que me aseguran que podré verte Cuando al mundo mis ojos cierre la muerte: ¡Canciones que, por santas, no tienen nombres En la lengua grosera que hablan los hombres! Ésas son las que endulzan mi amargo duelo; Ésas son las que el alma llaman al cielo; Ésas de mi esperanza fijan el polo, ¡Y ésas son las que guardo para mí solo! | ||
martes, 10 de septiembre de 2013
AUGURIOS DE INOCENCIA (William Blake, inglés)
- Para ver el mundo en un grano de arena,
- Y el cielo en una flor silvestre,
Abarca el infinito en la palma de tu mano
Y la eternidad en una hora.
Aquel que se liga a una alegría
Hace esfumar el fluir de la vida;
Aquel que besa la joya cuando esta cruza su camino
Vive en el amanecer de la eternidad.
jueves, 8 de agosto de 2013
ASÓMATE A LA VENTANA (James Joyce, irlandés)
- Asómate a la ventana,
Cabellos de oro
Te escuché cantar
Una alegre tonada.
Mi libro estaba cerrado;
Ya no leía más,
Veía tan solo bailar el fuego
Sobre el piso.
He abandonado mi libro
He abandonado mi habitación
Pues te he escuchado cantar
- En la oscuridad
Cantar y cantar
Una alegre tonada,
Asómate a la ventana,
Tú, cabello de oro.
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