Como el pulso en mi mano estás en mí,
como este movimiento en mi mano que ondula y mi aptitud
de ver en la mirada.
Mas te oigo con la yema de mis dedos,
y mi cuerpo es lo bronco en el dúo arterial de nuestros cuerpos.
Yo dejé mi pasado entre cactus y cerros magueyes de angustia
y ahora estoy aquí- rendido- igual que un animal extraño.
¿Y tú? Si pudiera decirlo yo diría que vienes
como pulpa de noche, agitada por raras convulsiones eléctricas.
Y ahora, ambos a dos, aquí, en la palma de Dios
o solamente en la
quiromántica palma de la Vida.
Ambos a dos, aquí, abrochados de angustia por espacios ignotos
donde en el fondo, acaso, están llorando niños.
Ya no contamos nada. Ni siquiera alegrias ni lágrimas.
Es una queja alegre ésta del "da y toma" de las mayores ansias.
Yo voy a ti, pirata.
Y ven tú a mí, saquéame!...
...hasta la fiebre y el cansancio y la desesperación y
la caída.
Naufragamos en islas de soledad.
Perdidos, sordos y yertos al clamor lejano,
estiramos los brazos vanamente, tratando de encontrarnos...
jueves, 9 de junio de 2011
miércoles, 25 de mayo de 2011
EL ÚLTIMO TRATO (Rabindranath Tagore, hindú)
Una mañana iba yo por la pedregosa carretera,
cuando espada en mano, llegó el Rey en su carroza.
"¡Me vendo!", grité. el Rey me cogió de la mano y me dijo:
"Soy poderoso, puedo comprarte." Pero de nada le valió su poderío
y se volvió sin mí en su carroza.
Las casas estaban cerradas en el sol del mediodía
y yo vagaba por el callejón retorcido
cuando un viejo cargado con un saco de oro me salió al encuentro.
Dudó un momento, y me dijo: "Soy rico, puedo comprarte."
Una a una ponderó sus monedas. Pero yo le volví la espalda y me fui.
Anochecía y el seto del jardín estaba todo en flor.
Una muchacha gentil apareció delante de mí, y me dijo:
"Te compro con mi sonrisa." Pero su sonrisa palideció
y se borró en sus lágrimas. Y se volvió sola otra vez a la sombra.
El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente.
Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas.
Levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo:
"Puedo comprarte con nada." Desde que hice este trato jugando, soy libre.
cuando espada en mano, llegó el Rey en su carroza.
"¡Me vendo!", grité. el Rey me cogió de la mano y me dijo:
"Soy poderoso, puedo comprarte." Pero de nada le valió su poderío
y se volvió sin mí en su carroza.
Las casas estaban cerradas en el sol del mediodía
y yo vagaba por el callejón retorcido
cuando un viejo cargado con un saco de oro me salió al encuentro.
Dudó un momento, y me dijo: "Soy rico, puedo comprarte."
Una a una ponderó sus monedas. Pero yo le volví la espalda y me fui.
Anochecía y el seto del jardín estaba todo en flor.
Una muchacha gentil apareció delante de mí, y me dijo:
"Te compro con mi sonrisa." Pero su sonrisa palideció
y se borró en sus lágrimas. Y se volvió sola otra vez a la sombra.
El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente.
Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas.
Levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo:
"Puedo comprarte con nada." Desde que hice este trato jugando, soy libre.
jueves, 17 de marzo de 2011
EL SUICIDA (Jorge Luis Borges, argentino)
No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
Del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
Los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
Del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
Los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.
sábado, 5 de marzo de 2011
PAUSAS I (José Gorostiza, mexicano)
¡El mar, el mar!
Dentro de mí lo siento.
Ya sólo de pensar
en él, tan mío,
tiene un sabor de sal mi pensamiento.
Dentro de mí lo siento.
Ya sólo de pensar
en él, tan mío,
tiene un sabor de sal mi pensamiento.
jueves, 24 de febrero de 2011
ME ESTÁS ENSEÑANDO (Gerardo Diego, español)
Me estás enseñando a amar.
Yo no sabía.
Amar es no pedir, es dar,
noche tras día.
La Noche ama al Día, el claro
ama a la Oscura.
Qué amor tan perfecto y tan raro.
Tú mi ventura.
El Día a la Noche alza, besa
sólo un instante.
la Noche al Día -alba, promesa-
beso de amante.
Me estás enseñando a amar.
Yo no sabía.
Amar es no pedir, es dar.
Mi alma, vacía.
Yo no sabía.
Amar es no pedir, es dar,
noche tras día.
La Noche ama al Día, el claro
ama a la Oscura.
Qué amor tan perfecto y tan raro.
Tú mi ventura.
El Día a la Noche alza, besa
sólo un instante.
la Noche al Día -alba, promesa-
beso de amante.
Me estás enseñando a amar.
Yo no sabía.
Amar es no pedir, es dar.
Mi alma, vacía.
martes, 8 de febrero de 2011
SONETO AL SUEÑO (John Keats, inglés)
Suave embalsamador de la aquietada noche,
que sueldas, con tus dedos de roce inadvertido,
los escudados ojos, felices bajo el broche
de sombra en la divina tiniebla del olvido.
¡Oh lisonjero sueño! Cierra voluntarioso
mis obedientes párpados, o a que termine espera
tu himno, antes que en torno del lecho en que reposo
esparza su calmante piedad tu adormidera.
Pero sálvame entonces del día, o su presencia
renacerá en mi almohada con su pasado grave;
líbramed del suplicio de la insomne conciencia,
que como un topo mina las sombras en la calma.
Diestramente en la dócil cerradura tu llave
gira y séllame el cofre acallado del alma.
que sueldas, con tus dedos de roce inadvertido,
los escudados ojos, felices bajo el broche
de sombra en la divina tiniebla del olvido.
¡Oh lisonjero sueño! Cierra voluntarioso
mis obedientes párpados, o a que termine espera
tu himno, antes que en torno del lecho en que reposo
esparza su calmante piedad tu adormidera.
Pero sálvame entonces del día, o su presencia
renacerá en mi almohada con su pasado grave;
líbramed del suplicio de la insomne conciencia,
que como un topo mina las sombras en la calma.
Diestramente en la dócil cerradura tu llave
gira y séllame el cofre acallado del alma.
jueves, 6 de enero de 2011
CUANDO TÚ SEAS VIEJA (William B. Yeats, irlandés)
Cuando tú seas vieja, ya grises los cabellos,
Y triste y temblorosa te acerques al hogar,
Abre este libro amigo, hojeálo lentamente
Y recrea tus ojos de tan dulce mirar.
Muchos agasajaron tu alegría y tu gracia,
Y tu hermosura amaron, de verdad o falsía,
Mas uno solamente comprendió tu alma inquieta
Y amó de tu semblante la marchita alegría.
Inclinado tu rostro sobre los hierros rojos
Dirás, acongojada: El amor, tras las huellas
Del olvido, ha huido sobre los altos cerros
A esconder sus pesares tras un muro de estrellas.
Y triste y temblorosa te acerques al hogar,
Abre este libro amigo, hojeálo lentamente
Y recrea tus ojos de tan dulce mirar.
Muchos agasajaron tu alegría y tu gracia,
Y tu hermosura amaron, de verdad o falsía,
Mas uno solamente comprendió tu alma inquieta
Y amó de tu semblante la marchita alegría.
Inclinado tu rostro sobre los hierros rojos
Dirás, acongojada: El amor, tras las huellas
Del olvido, ha huido sobre los altos cerros
A esconder sus pesares tras un muro de estrellas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)